Desgajado;
Partido en dos como por un hacha.
Y aún vivo.
Mi corazón ya no late.
Y sin embargo vivo.
Sin más.
Sin esperanza.
Sin sueños,
Aunque sean rotos.
Partido en dos
Y mi espíritu vuela.
De vez en cuando.
Muy de vez en cuando,
Vuela entre los árboles del bosque buscándola.
Una vez dijo: -Haz de morir-
Y partí solo del claro
Que ella alumbraba.
Dijo: -Ama-
Y amé solo entre canciones
Y danzas antiguas.
Dijo: -Vive-
Y el llanto de todas las lluvias me cubrió,
Abandonándome a una existencia gris
Y nauseabunda;
Ahogada por su recuerdo
Que evoca paraísos asequibles,
Cercanos.
Dolorosos paraísos
Cercados por la certidumbre de su pérdida.
Partido en dos
Mi alma surca otros mares.
Otras sendas
Recogen el polvo de mis pies,
Con lujuria,
Con estremecimientos profundos.
Y me alejan de lo que dejé
Al lado del hacha.
Me alejan del corazón muerto
Sólo porque ella lo pidió.
Mi querida amiga
Es el verdugo
Que aguarda en el cadalso.
No acecha en la oscuridad,
No tiene necesidad.
Bajo el Sol más brillante
Espera paciente
El momento
De asestar
Su certero golpe.
Mi amiga es el verdugo necesario.
Pero el peso
De la soledad
Es ya inaguantable
Y me adentro por esta senda,
Pisada por otros solitarios,
Buscando el alma
Que escapó por la profunda herida.
Buscando mi alma blanca
Perdida por amor;
Por sueños espúreos que la engañaron
A fuerza de ser imposibles.