Despedida I

Desgajado;

Partido en dos como por un hacha.

Y aún vivo.

Mi corazón ya no late.

Y sin embargo vivo.

Sin más.

Sin esperanza.

Sin sueños,

Aunque sean rotos.

Partido en dos

Y mi espíritu vuela.

De vez en cuando.

Muy de vez en cuando,

Vuela entre los árboles del bosque buscándola.

Una vez dijo: -Haz de morir-

Y partí solo del claro

Que ella alumbraba.

Dijo: -Ama-

Y amé solo entre canciones

Y danzas antiguas.

Dijo: -Vive-

Y el llanto de todas las lluvias me cubrió,

Abandonándome a una existencia gris

Y nauseabunda;

Ahogada por su recuerdo

Que evoca paraísos asequibles,

Cercanos.

Dolorosos paraísos

Cercados por la certidumbre de su pérdida.

Partido en dos

Mi alma surca otros mares.

Otras sendas

Recogen el polvo de mis pies,

Con lujuria,

Con estremecimientos profundos.

Y me alejan de lo que dejé

Al lado del hacha.

Me alejan del corazón muerto

Sólo porque ella lo pidió.

Mi querida amiga

Es el verdugo

Que aguarda en el cadalso.

No acecha en la oscuridad,

No tiene necesidad.

Bajo el Sol más brillante

Espera paciente

El momento

De asestar

Su certero golpe.

Mi amiga es el verdugo necesario.

Pero el peso

De la soledad

Es ya inaguantable

Y me adentro por esta senda,

Pisada por otros solitarios,

Buscando el alma

Que escapó por la profunda herida.

Buscando mi alma blanca

Perdida por amor;

Por sueños espúreos que la engañaron

A fuerza de ser imposibles.

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Published in: on 21 mayo 2009 at 12:09  Dejar un comentario  
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La Luz que Ofende VI

Debía enseñarte el camino

y tú seguirla.

Ese era mi sueño.

Y la muerte

en forma de luz

acabó con él.

Desde entonces te imagino;

Unas veces lejos,

como Emperatriz de mundos soñados.

Otras cerca,

acariciándome el alma,

acercándome a un mundo

que no sé si quiero.

Hay que tener los pies en la tierra

– me dices –

y no sé si quiero esta realidad,

sórdida, triste.

Ajena a toda idea de libertad.

A toda idea de amor.

Manchada de rutina

y previsible.

Todos los días son iguales.

Todas las horas, minutos,

se suceden como deben ser.

Matemáticos en su exactitud.

Llenos de lo que deben estar llenos.

Vacíos de lo que deben estar vacíos.

Días cubiertos con un velo gris

que todo lo iguala.

Normalidad que nos mata con su luz.

Normalidad que huele

a la impasibilidad de los muertos.

Sus días son así,

en nada los cambian.

Si acaso los pudren un poco más,

cada segundo un poco más.

Hay que tener los pies en la tierra

– me dices –

¿Para qué?

No quisiste,

o no supiste,

acompañarla por el camino.

Ella que desde siempre te esperó

en la entrada del bosque.

Que sólo respiraba para preparar al mundo.

Acomodarlo para cuando tú quisieras

aparecer.

Y con la luz de tu amor

la reduces a mi alma.

La luz ofende siempre.

Cuando mi amor se agarre

a tu cuello

entenderás el sufrimiento

de los amantes.

Published in: on 30 abril 2009 at 9:23  Dejar un comentario  
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La Luz que Ofende V

Ella, mojada,

relucía lúbrica

sobre el árbol.

Y su respiración moría el mundo.

Nada ocurre

sin que ella lo sueñe antes.

Debía enseñarte el camino.

Y tú debías acompañarla.

Tenías que ir

dónde los amantes juegan.

Alguien dijo: ¡Vive!

Y su respiración rompió el velo.

Canciones antiguas

llenaron el claro del bosque.

Danzas antiguas

recorrieron sus lindes

con lujuriosos movimientos.

Y los amantes rieron

por primera vez.

Alguien dijo: ¡Ama!

Y como una Reina

se levantó en su rama.

El coro lloró sus recuerdos.

Los bailarines detuvieron

su acompasada coreografía.

Y los amantes se mezclaron

en una trágica lucha.

Sus cuerpos se trenzaron

y sus almas jadearon.

Agónicos.

Ella, como una Reina,

asentía desde su rama.

Alguien dijo: ¡Muere!

Y el coro gritó el parto del hombre.

Los bailarines huyeron buscando

su tiempo.

Y los amantes volvieron a verse.

No comprendían su desnudez

y la luz

los ofendió por primera vez.

Ella, destronada,

se refugió en mi alma.

Y el bosque entero

quedó huérfano.

Published in: on 29 abril 2009 at 13:49  Dejar un comentario  
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La Luz que Ofende IV

Hace mucho que te sueño.

Entonces me inspirabas sentidos versos.

Me hacías escribir:

“Cuando cae la tarde

y el Sol desangra sus últimos rayos,

te imagino en una nube

como Emperatriz del Cosmos…”

Ya no te quiero tan lejos

aunque duela.

Te siento llegar de aquel tiempo,

te siento arañar mi alma,

descuidadamente,

como si sólo la rozases con tus dedos.

Mientras, la herida sigue ahondando

y la luz sigue ofendiendo.

Rompe mi querida soledad.

Rompe mi querida espera.

La espera de tu idea,

de tu tiempo en mi tiempo.

Desde siempre te espero

dónde nunca has ido.

Tú, toda claridad,

no podías habitar estos sótanos.

Tu sitio estaba en el aire,

en el olor a vida.

En el juego y en el baile.

En la montaña y en el Sol.

En los que aman y en los que sueñan.

Mi mundo sólo es una sombra negra

en una pesadilla.

Algo que se recuerda con horror.

Que se olvida con alivio.

Y, sin embargo, desde aquí te soñaba.

Y te esperaba.

Bajo una luz que reconocía tuya

y que ofendía mi alma de enamorado.

En mi triste caverna

sólo las sombras son reales.

No me las podéis quitar también.

Y en este dilema malvivo.

Te añoro y te temo.

Te quiero y te temo.

Te espero y te temo.

Eres la luz que me ofende

y el amor que me destruye.

Entraste rompiendo sueños

y sufriste por ello.

Me quisiste

y te maté.

Un poco,

sólo un poco,

lo suficiente para acercarte.

Lo suficiente

para que callase el coro.

Para que los bailarines

detuvieran su danza

antigua.

Te maté sólo un poco,

lo suficiente para que la Guardiana

te dejara pasar al claro

de mi alma.

Ella, que dormía a la entrada del bosque,

debía enseñarte el camino.

“Hay que morir en la vida

Para vivir en la muerte”.

Published in: on 28 abril 2009 at 12:28  Dejar un comentario  
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La Luz que Ofende III

Espacios y tiempos para que no muera,

o para que no viva,

es igual.

Allá a lo lejos,

una playa, partida en dos,

me espera.

También a lo lejos

jóvenes irreales me piden vivir.

Y luces tenues de Soles muertos.

Ahora alguien me ama.

Tampoco sé porqué.

Sueña vidas y ama.

Alas necesarias para su corazón.

Tú aún no comprendes.

Eres clara y fuerte

y sólo yo te necesito.

Hablaba el amante:

Algún día sentirás mi grito en tu amor.

Algún día la vida te hará saltar,

estallar en mil pedazos

que tú harás luz.

La luz ofende al corazón del que sufre.

Y mi grito, solo, no oirás.

Pero aún no ha sido.

Aún tu amor juega,

resbala por mi piel como la lluvia,

como el sudor.

Aún tu amor sueña sin tigres.

Algún día sus garras destrozarán tu alma.

No te puedo querer más

y algún día seré tu tigre.

Aún no ha sido.

Aún confías.

Duermes en mis brazos como en el algodón,

suave y caliente.

Se adivina el latido en tu piel.

Mi grito en tu amor también duerme.

Algún día soñarás con sabor a ayer

o con ira de tigre.

Algún día tu vida no olerá a amor.

¡Y cuanto te quiero!

Algún día mi grito, estridente y oculto,

hará saltar el amor en tu vida.

Pero aún no ha sido.

Y vuelves con cara de niña,

con amor de niña,

con besos de niña a un camino vacío.

La luz ofende al corazón del que retorna.

Los fluidos manan torpemente.

Los sentimientos también.

Y alguien sigue amando desde siempre.

La roca está partida en dos

y el mar la atraviesa como un amante.

No hay oposición ni queja,

sólo un arrullo mortecino de dejadez.

Todo debería acabar.

Es verdad que hubo un tiempo,

y ningún recuerdo vale tanto no siendo nada.

Published in: on 27 abril 2009 at 20:57  Dejar un comentario  
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La Luz que Ofende II

Y ahora nada.

Hubo un tiempo en que sí.

Es verdad que hubo un tiempo.

Entonces nada era real.

La vida moría porque era su obligación.

Es verdad que hubo un tiempo.

Tampoco el mundo era lo que es.

Mares imposibles

que surgían de mi alma.

Gentes, árboles…

Espacios maravillosos y ajenos.

Sueños fantásticos de otras vidas.

¿Acaso no son ciertos mis recuerdos?

Las rocas se deshacían lentamente.

El mar lloraba su fuerza ante mí.

La luz ofende al corazón del que sueña.

Hoy es el día aquel;

La noche, húmeda de noches,

Cala mis sentimientos.

Todo es agradablemente negro hoy.

La muerte presiente su tiempo

y me acecha detrás de ti,

detrás de mí,

junto a la vida.

Al borde del amor,

al borde de la paz,

al borde del silencio.

Ni siquiera mi muerte es verdad,

se me queda al borde.

Absurdamente seria jugando a la vida.

Hoy es el día aquel

y ya nada me impide volver y sentir el agua.

Acariciar mi soledad,

mi vacío.

Volar sobre todos.

Y podré ver su cara, sin miedo.

Reconocer otra vez su aliento

frío.

Volver a sentir su mano

fría.

Ahogarme en su extensión

negra.

Saborear lo ya soñado

y sentarme con ella,

al borde.

Hoy es el día aquel,

la luz entra con fuerza

y mueve la vida; con fuerza.

Impulsa su sentido y no deja que se detenga.

Hay que continuar.

Hoy es el día aquel

y tú lo recuerdas.

Lo supiste desde siempre, como el tiempo.

Soñado contigo, desde siempre.

La esperanza viene vestida de negro

y mi camino se estrecha.

Atrás te dejo a ti

para poder volver.

Nadie pudo ver jamás ese mundo.

Volaba las altas montañas.

Y los mares negros eran como mi madre,

me acogían cálidamente,

me cantaban canciones antiguas.

Hubo un tiempo, es verdad.

Y ahora nada.

Cielos con dos Lunas que jugaban.

Pequeños océanos para divertir,

y veloces sombras en unos ojos.

Los recuerdos mueren sin haber existido.

y entre roca y roca

Mi razón tiembla.

Las sombras, muertas, se apoderan de todo.

Profundos mares de sangre se levantan ante mí,

con furia,

con la furia mansa del destino.

Monosílabos egoístas giran a nuestro alrededor,

y mi mundo espera su tiempo.

Un mundo imposible también.

La luz ofende al corazón del que espera.

Published in: on 26 abril 2009 at 13:37  Dejar un comentario  
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La Luz que Ofende I

El Sol entra por la ventana sin dolor,

una cálida quietud se apodera de la estancia.

Mientras, la vida sigue pasando a mi lado.

El eterno retorno de las estaciones se sucede,

las pobres vidas de los demás se desenvuelven

con matemática exactitud.

Todo es como debe ser. Como siempre fue.

Sólo yo siento la gran broma que nos rodea.

Sólo yo puedo mirar a la cara al destino y sonreír.

Lo que para ti es sorpresa, para mí es pasado.

Y sigo aquí sentado con la esperanza perdida.

Rumiando un amor que no me pertenece.

Ya no le canto, como solía hacer.

Sólo lo disfruto, lo agosto sin piedad.

Con crueldad sin límites lo destrozo.

Y ruego que nadie tenga que sufrir nunca tanto.

Que nadie tenga que sufrir el vacío en el alma.

El Sol entra, es cierto.

Pero cómo duele.

La luz ofende a la razón.

Llora la Luna sin consuelo

y lloran los niños por las esquinas.

El llanto todo inunda el Universo.

Lloran las muchachas en los parques

y lloran los muchachos en las batallas.

Llora el varón en su poder

y llora el animal en su sumisión.

Llora el sabio en su sabiduría

y llora el necio en su inocencia.

Y nadie sabe el porqué de tanto llanto.

Nadie conoce la tragedia que se desarrolla,

sin piedad, en la habitación cerrada.

Lloran el varón y la varona

buscando la llave,

mientras, unos ojos secos te buscan.

¿Dónde estabas?

Transparente es la soledad

cuando hasta la luz ofende.

A través de la ventana

veo los árboles acercarse al mar.

¿Dónde estabas?

Las casas, como cubos geométricos,

se suceden alterando la simetría del paisaje.

¿Dónde estabas?

El mar se queja, bronco,

de mi lejanía.

¿Dónde estabas?

Y se derrama el día siguiendo su curso.

Acunando en la tarde sentimientos tristes.

Todo está quieto ¿sabes?

Sólo el tiempo pasa agónico, sin sentido.

Contra mí se estrella

y contra mí se parte

¿Dónde estabas?

Esta soledad huele ya a historia.

Pesa como una losa.

Y aunque el Sol la agujerea

nada puede con ella.

Los árboles se estiran para romper el cielo.

Y las voces viejas rompen el horizonte

tan minuciosamente dibujado.

La luz ofende al corazón del que espera.

Published in: on 25 abril 2009 at 15:06  Dejar un comentario  
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Entonces

Gris… Triste…

Peso del tiempo

y de la vida.

Anhelo… Pensamiento…

Ansiedad de amar

y sentir.

Libertad… Sueño…

Deseo de gritar

y correr.

Así eres tú;

Mi pensamiento gris,

mi anhelo triste

y mi sueño de libertad.

 

Ridícula indecisión.

Infinidad de momentos

ahogados en soledades.

Ráfagas de pensamientos

ocultos, enterrados por el miedo.

Voluntades contradichas,

negadas, por no sé qué espíritu.

Miserable cobardía,

admitida, justificada;

excusa de actos inexcusables.

Y miedo.

Que impregna hasta el tuétano.

Nos ahoga,

estrecha su cerco,

nos tensa

y no cesa.

Nos destruye

en guerras sin batallas.

Miseria de sentimientos

ensalzados

por sádicos espectadores.

Tormentos de almas

que nos lanza en torbellinos

de ira

y fogosidades absurdas.

Deseos ocultos,

torturas que nos atan

y buscamos.

Abstracciones de mentes febriles

por noches de insomnio,

agotados por sueños,

por llantos,

por firmes propósitos

que se pierden por el alba

que nos devuelve a la vida

por un instante,

por un susurro de momento,

para hundirnos en remordimientos

espesos y punzantes.

Sed de pasiones escritas.

Ideales de vidas pasadas

y mal conocidas.

Molde que nos anula,

nos rapta y asesina.

 

Adiós.

Simple, ¿verdad?

Diría irónico,

incongruente.

¿Dónde está el pasado?

¿Dónde las risas y los llantos?

¿Dónde la eternidad de los sentimientos?

Adiós.

Duele, ¿verdad?

Es el miedo.

Pasa.

Es como la muerte;

duele hasta que llega.

No te preocupes por los demás,

no vale la pena.

Aunque no lo creas

sólo importas tú.

Ni siquiera yo,

que nunca he contado para nada.

Adiós.

Pasa por donde quieras,

destruye lo que quieras.

Vive si puedes.

Yo tengo tiempo

y la seguridad del verdugo.

No me destruyes,

me lastimas, pero continúo.

Tal vez mañana,

o pasado, o dentro de un año

te veré aparecer,

sonriente, con los ojos llorosos,

y querrás hablar conmigo.

Te escucharé, como siempre,

hasta que digas Adiós.

Entonces se pondrá el sol,

llegará el crepúsculo al alma,

y volveré a esperar.

Porque llegarás un día,

sin fuerzas para decir Adiós,

y necesitarás que esté a tu lado.

Published in: on 24 abril 2009 at 12:48  Dejar un comentario  
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